septiembre 21, 2017

Del terremoto #1: Sobre mi casa y mi porvenir

Escrito en mi Facebook, Septiembre 20 de 2017. 00:14

Todo pasa en un golpe de tiempo, en un instante minúsculo. La vida golpea cuando menos se espera; no hay deuda qué pagarle, a la vida nada se le debe. La vida es un regalo pero también una prueba; los retos que nos otorga son bendiciones, son actos de Dios.

Son estos instantes los que nos obligan a pensar en las grandes prioridades de la vida: el amor de la familia, la salud de nuestros cuerpos y la amistad de la gente que queremos. Teniendo lo anterior, lo demás puede quedar en Sus manos.

Pienso en mi casa, en lo que quedó de ella, el departamento donde viví los últimos trece años de mi vida. Pienso en las paredes cuarteadas, en los muebles volteados, en los pisos destruidos. Detrás quedaron montones de bienes materiales, los recuerdos más lúcidos de mi vida, los momentos vividos dentro de ella. Hoy, en un golpe seco, mi familia perdió su techo, perdió su eje terrenal, perdió su protección.

Pienso en mis vecinos, personas con las que crecí y a las que vi crecer. Ellos también perdieron pedazos de sus memorias, vieron sus esfuerzos fragmentados sin remedio. Pienso en mi ciudad, más mía que siempre, tan frágil y tan valiente; pienso en Puebla y en Morelos. Pienso en los edificios que se cayeron, en las personas que no tuvieron la suerte de sobrevivir este infortunio, de poder contar está tragedia. Pienso en las personas que en este momento remueven piedras buscando vidas entre los escombros.

Son tiempos terribles, pero algo que ha demostrado mi ciudad es su carácter de  eterna, su habilidad sobrehumana para ponerse ante los designios del sino. Pido bendiciones para todos los que perdieron a alguien y para los que, como mi familia, tendrán que empezar desde cero.

Dormiré con la esperanza de que todo por transitar vuelve, con el deseo de que las cosas estarán mejor. Dios los bendiga. mi familia, tendrán que empezar desde cero.
Dormiré con la esperanza de que todo por transitar vuelve, con el deseo de que las cosas estarán mejor. Dios los bendiga.

julio 31, 2017

The World is Yawning #49


La ciudad nos transpira como gotas de sebo seco, como sudores ácidos que humedecen nuestros harapos desgarrados y enmohecidos. La ciudad nos asfixia entre coágulos de hieles colectivas, neurosis comunitaria al servicio delirante de un aneurisma, tránsito abúlico y superfluo. No existen las salidas hacia realidades más someras, hacia pensamientos más bucólicos. Todo es complejidad ininteligible, derroche de caos y destrucción.

La ciudad nos exige sangre, nos implora el atávico sacrificio de nuestros hastíos y de nuestra esperanza. La ciudad es una costra de todos nuestros sueños maltrechos, la llaga séptica de toda nuestra realidad. 

abril 15, 2017

Yo Confieso #23: De la crisis de los Roarin' Late Twenties

Thomas Cole (1801 - 1848)
Madurez, de la serie El Viaje de la Vida (1842)
Óleo sobre tela. 132 x 198 cm.
Galería Nacional de Arte, Washington DC

Cuando tus vacaciones de Semana Mayor se dedican a las artes morfeicas y a saciar el hambre y la sed sin ninguna clase de control, es necesario hacer un conteo de calorías y prioridades; además, siempre saco a colación los sueños que se han quedado enclaustrados en cajas sin fondo marca Pandora y las prioridades jamás realizadas que se han traspapelado con los apuros del trabajo y la frivolidad colectiva de la rutina. Estoy en la etapa de la vida en la que se considera deseable trabajar como perro y celebrar la juventud hacia todos los vientos (Work hard. Play hard. You only live once); sin embargo, a mi edad y con mis particulares circunstancias hay una dura sensación de que se me termina el tiempo, que no me queda energía y que necesito un acelerón de vida.

febrero 23, 2017

The World is Yawning #48

Anselm Kiefer (Donaueschingen, 1945 - ).
"Ícaro - Arena de la Marcha de Brandenburgo" (1981).
Óleo, laca, emulsión, arena y fotografía sobre tela. 290 x 360 cm.
Galería Saatchi, Londres.

No me queda voz para cantar ni entrañas que griten ni sangre que hierva ante la incertidumbre.

No hay cielos azules para nuestros ojos tristes. No hay calor para nuestros costales de huesos fríos ni luna para nuestros sueños lúgubres de catedrales góticas en ruinas y cementerios llenos de nostalgias extintas.

No hemos nacido para escarbar montañas con las yemas desnudas como muñones inflamados por la pus y las costras, heridas recorridas sin cansancio por la sed y el deseo de ser por un momento más libres que antes.

No podemos mirar el sol por un instante; aunque temamos a la muerte, la vida es mucho más escalofriante.

No podemos colgarnos de las espaldas de los gigantes; no nacimos para narrar la eternidad, somos una décima de un instante.

No extrañamos el pasado porque fue dichoso, grandioso, hermoso; el futuro es un ente lleno de finales felices desbordados en abismos infernales.

No hay tesoros al final de los arcoíris; la realidad nos retrata severa y criminal con tonos de grises.

No tengo historias de amor ni de deseo ni de trascendencia ni de eternidad; tengo labios que saben a fade outs.

No tengo ganas de soñar. No... tal vez... no sé... quizás...

febrero 19, 2017

Yo confieso #22: Cansancio sobre cansancio

Pablo Picasso (1881 - 1973).
Mujer planchando (1904).
Óleo sobre tela. 116 x 73 cm.
Museo Solomon R. Guggenheim, Nueva York.

La semana que terminó ha sido una de las más agotadoras que he tenido en mi vida. Es difícil sacar la cantidad de trabajo que tengo cuando se está solo. Aunque no es algo imposible, el tiempo se escurre como agua cuando estás ocupado. Hay ocasiones en las cuales no entiendo mis razones para seguir adelante, como si tuviera mucho más que demostrar, como si no hubiera mañana, como si en una entrega me jugara el puesto o mi ego. Sin embargo, es muy probable que sobreviva, tengo la fortaleza a tope.